La falta de fibra puede modificar la actividad de la microbiota y afectar la barrera intestinal, según el gastroenterólogo Chris Thompson, profesor de Medicina en Harvard Medical School.
Thompson explicó que las bacterias del colon necesitan fibra para mantenerse activas y producir butirato, un ácido graso que contribuye al funcionamiento de las células intestinales.
Intestino sin fibra
Cuando disminuye el aporte de fibra, algunos microorganismos pueden utilizar como alimento la capa de moco que protege la pared intestinal. Thompson advirtió que ese proceso podría comprometer la integridad de esa barrera.
El butirato, producido durante la fermentación de determinados carbohidratos, sirve de combustible para las células del colon. También contribuye al mantenimiento de las uniones estrechas, estructuras que regulan el paso de sustancias a través de la pared intestinal.
El especialista planteó que los alimentos fermentados, como yogur, kéfir, kimchi, chucrut y kombucha, pueden aportar microorganismos vivos y compuestos favorables para otras bacterias. Sin embargo, señaló que la fibra continúa siendo el principal sustrato del microbioma.
La actividad intestinal también participa en la regulación del hambre y la saciedad. La grelina se relaciona con las señales de hambre, mientras la CCK, el PYY y el GIP intervienen después de la ingesta y participan en la digestión, el vaciamiento gástrico y la sensación de plenitud.
Permeabilidad intestinal
Thompson sostuvo que las restricciones extremas para perder peso pueden desencadenar respuestas compensatorias, como mayor hambre, menor gasto energético y reducción de señales hormonales asociadas con la saciedad.
Por ello, planteó integrar alimentación y actividad física con estrategias médicas individualizadas. Entre las intervenciones mencionó la gastroplastia endoscópica en manga y procedimientos dirigidos al duodeno para modificar mecanismos relacionados con la regulación metabólica.
El gastroenterólogo también distinguió entre el uso generalizado del término “intestino permeable” y el aumento de la permeabilidad intestinal, fenómeno que, según explicó, cuenta con respaldo experimental.
En estudios sobre personas con esteatohepatitis asociada a disfunción metabólica se detectaron alteraciones en proteínas de las uniones estrechas. Esos cambios pueden facilitar el paso de componentes bacterianos hacia la circulación portal, que conecta el intestino con el hígado.
