La alimentación saludable en la infancia favorece el crecimiento, el desarrollo cerebral, la energía y las defensas, además de contribuir a prevenir enfermedades futuras. La clave está en construir hábitos sencillos y sostenibles en familia.
Una dieta adecuada debe aportar los nutrientes que cada niño necesita, respetando su edad, apetito y ritmo de crecimiento. La base puede incluir frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, huevos, pescado, carnes magras, lácteos sin azúcar añadido y aceite de oliva.
La OMS recomienda priorizar frutas y verduras y reducir el consumo de sal, azúcares libres y grasas poco saludables. Una referencia práctica es distribuir el plato con mitad de verduras, hortalizas y fruta; un cuarto de cereales, preferentemente integrales; y otro cuarto de alimentos ricos en proteínas.
Variedad y equilibrio
Las frutas y verduras aportan fibra, vitaminas y minerales, por lo que conviene ofrecerlas diariamente. No es necesario que los niños acepten todos los alimentos de inmediato: la exposición repetida y sin presión puede facilitar su incorporación.
Las legumbres también ocupan un lugar central por su aporte de proteínas vegetales, fibra, hierro y otros minerales. Pueden prepararse de distintas formas y combinarse con arroz, verduras o huevo.
Los cereales integrales aportan más fibra y favorecen una saciedad estable. En cambio, conviene limitar la bollería, las galletas, los cereales azucarados y otros productos ultraprocesados como alimentos habituales.
Lo que conviene limitar
El agua debe ser la bebida habitual. La leche y los lácteos naturales pueden formar parte de la dieta según la edad y las necesidades del niño.
Las bebidas azucaradas, refrescos, zumos envasados, bebidas energéticas y aquellas con cafeína no son recomendables durante la infancia. Los zumos tampoco sustituyen a la fruta entera, porque contienen menos fibra y facilitan un consumo elevado de azúcar.
La alimentación familiar también influye en las preferencias infantiles. Lo que se compra, cocina y ofrece, junto con el ejemplo de los adultos, ayuda a formar hábitos que pueden mantenerse con el tiempo.
